La nueva delincuencia: más joven, más letal y más organizada Efecto Cocuyo

La nueva delincuencia: más joven, más letal y más organizada Destacado



Con las “mega bandas” ha nacido un criminal más disciplinado y estudiado, capaz de matar sin remordimientos y de reclutar niños para el tráfico de drogas; expertos estiman que unas 100.000 personas están involucradas de manera activa al crimen en Venezuela.

En Venezuela la violencia delincuencial se ha convertido en un fenómeno cada vez más organizado. Para entrar en las bandas más grandes e importantes hay que obedecer una estricta disciplina y jerarquía, que recluta a sus primeros discípulos desde edades cada vez más jóvenes que permiten formarlos adecuadamente en la escala del crimen.

En los últimos tres años el delincuente venezolano se ha agrupado en organizaciones más estructuradas y complejas, conformando las llamadas “mega bandas”, donde sus actividades son cada vez más estudiadas y menos accidentales. El criminólogo y exfuncionario del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ), Javier Gorriño, explica que con la creación de estas nuevas “mega bandas” también se ha fortalecido y coordinado un crimen a mayor escala.

Las zonas de paz lograron la multiplicación de las fuerzas criminales a mayor escala

El también abogado ubica el nacimiento de esta estructura a la par de la formación de las “zonas de paz”, un programa gubernamental lanzado en 2013 que pretendía el desarme de las bandas criminales, dejándoles un espacio de tolerancia sin fuerzas policiales, a cambio de su desmovilización. Pero esta estrategia solo ocasionó que los grupos se unieran.

Esta evolución de la violencia ha impuesto un nuevo organigrama, una jerarquía basada en la división del trabajo. Así lo explica Luis Cedeño, sociólogo y director de la ONG Paz Activa. “El delincuente se vuelve más disciplinado y por ende más peligroso”, asegura Cedeño.

El último informe de gestión del Ministerio Público demuestra que entre 2014 y 2015 la cantidad de imputados por delitos comunes (robo, hurto, homicidio, lesiones personales) aumentó 400%, pasando de 41.008 a 165.802 personas imputadas. Además, desde 2011 los tribunales ordinarios del país reciben cada vez más casos, el año pasado atendieron 1.300.000 asuntos.

Y las cifras extraoficiales son menos alentadoras. Según el Observatorio Venezolano de Violencia la tasa de homicidios se ubica en 90 por cada cien mil habitantes, luego de que el año 2015 finalizara con 27.875 muertes violentas, un incremento de 8 puntos frente al mismo registro del año 2014.

“La crisis aguda del sistema de seguridad ha abierto camino tanto para el delincuente común como para el organizado y el supra organizado, cada vez son más”, señala Cedeño. Lo apoya Fermín Mármol García, abogado criminólogo, quien ha proyectado en sus estudios la existencia de unas 100.000 personas involucradas de manera activa en el crimen en Venezuela.

100.000 venezolanos estarían involucrados de manera activa en el delito

“Mayoritariamente el delincuente venezolano es alguien de sexo masculino, menor a 25 años de edad, joven, su instrumento de trabajo es el arma de fuego, consume más drogas ilícitas alrededor del hecho criminal, tiene necesidad de respeto y reconocimiento público y el último rasgo psicológico que identificamos es su perversidad, que es el disfrute por hacer daño, lo que lo convierte en alguien muy letal y destructivo”, así describe Mármol García al delincuente criollo actual.

El criminólogo explica que ahora “los crímenes son mucho más atroces que antes” pues la sociedad venezolana ha involucionado y ha primitivizado la violencia.

El último rasgo psicologico identificado es la perversidad o el disfrute por hacer daño 

Los especialistas asocian esta característica con el aumento de los asesinatos en el país, que se han convertido en la tercera causa de muerte a nivel nacional y la primera causa de muerte de hombres menores de 30 años, de acuerdo al Observatorio Venezolano de Violencia, en su informe 2015.

Pero estos números tan elevados también han potenciado la necesidad de reconocimiento social, el “destacar entre los casos más atroces y noticiosos”, según explica Luis Cedeño. “Los delincuentes quieren ser parte del imaginario colectivo y que la gente les tema”, explica.

El "cartel" o respeto se gana según el número y tipo de delito y la calidad de la víctima

Ya no solo se busca hacerse de un bien ajeno, un líder delictivo es aquel que tenga más “cartel”, que sea respetado por los demás integrantes de la banda, la comunidad y la opinión pública. “Normalmente el cartel lo hace por el numero de delitos, el tipo de delito que haga, la calidad de las víctimas que tengan esos crímenes, si son policías o guardias, mejor. Dentro de su esquema mental eso es lo que le da respetabilidad”, afirma el criminólogo Gorriño.

El padre Moreno ha elaborado una fórmula para el cálculo de este respeto “número de asesinatos sobre número de años de edad. A menos años y más asesinatos, más respeto”, afirma. De esta forma el más joven y más letal es el que se gana el mayor nombre.

Otro rasgo que demuestra la personalidad del delincuente y su deseo de respeto son sus redes sociales, donde las armas son exhibidas como símbolo de prestigio. El autor del crimen posa sonriente con una pistola, dos, con armas de alto calibre y hasta granadas. La policía incluso usa estas imágenes para su identificación.

Pero ahora la potencia de las pandillas no solo se limita a su capacidad de fuego y armas, el padre Alejandro Moreno asegura que las bandas han incorporado circuitos cerrados de TV en las zonas donde operan y drones para la vigilancia de diversos sectores.

Ante estas características, las fuerzas del Estado se han convertido en un enemigo natural al que se le mata no solo por respeto, sino para apoderarse de un arma de fuego. “Antes la relación con la ley era de miedo y de huirle, ahora es de enfrentamiento”, añade Gorriño. En el informe anual de Funcionarios caídos realizado por la Fundación para el Debido Proceso (Fundepro) se contabilizan un total de 1.327 homicidios de autoridades de seguridad entre 2012 y 2015.

La puerta de entrada son las apuestas y el microtráfico de drogas 

La vulnerabilidad de los adolescentes va en aumento y arropa tanto las desigualdades económicas como la violencia. El incremento de participación en hechos punibles o relacionados con la violencia llegó a sumar 2.978 menores involucrados en 2015, según cifras de Cecodap. Esto ha generado una preocupación por los jóvenes, especialmente los que desertan de la escolaridad.

Las bandas buscan a los más pequeños por su protección legal. La Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente (Lopnna) establece un sistema de responsabilidad penal para los adolecentes desde los 14 años, pero a los menores de esta edad que sean atrapados en actos fuera de la ley les corresponden medidas de protección socioeducativas, lo que implica que no pueden ir detenidos.

Los delincuentes solitarios se han potenciado por la situación económica

Para Cedeño el delincuente de oportunidad, o coyuntural, se ha potenciado por la situación económica. También menciona la expansión de las bandas a “oportunidades” delictivas que ha abierto la crisis, como el dominio de la distribución de alimentos.

“En la sociedad venezolana también tenemos los llaneros solitarios”, coincide Mármol García. Los define como el delincuente que actúa solo, especializado en delitos de astucia, como un estafador o a alguien que hurta. “Cada día son menos, porque el delito en Venezuela está dejando de ser empírico para ser un poco más estudiado y más organizado”, asegura.

Fuente: La Razón

Modificado por última vez elMiércoles, 27 Julio 2016 13:42

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